EL TORO FERREÑÁN : UN PADRÍO DE RESPETO

 EL TORO  FERREÑÁN : UN PADRÍO DE RESPETO 

                                                     

En la década de 1950 los hacendados dueños del Pueblo de Malacasí, introdujeron en sus campos una variedad  de ganado vacuno denominado Cebú, procedente de los Estados Unidos, pero de raíces  originarias de la India. Esta variedad fue adquirida  por ser una raza altamente  resistente a los climas tropicales, lluviosos, selvas inhóspitas, con grandes temperaturas y  muchas plagas.

Estos imponentes animales de color blanco y manchas grises con una  enorme giba en el lomo cerca del cuello, escrotos largos y colgantes semejantes a dos grandes guanábanas se empezaron a mostrar  en los campos cercanos al pueblo, y a la huerta de la casa hacienda que se levantaba enorme exhibiendo una  santa cruz de madera con un gallo tallado en la parte más alta de la corona.

La presencia de los cebúes causó admiración, respeto y miedo, pues los niños y  adultos  inventaban historias escalofriantes y feroces, con muertes violentas a causa de la intolerancia de estos animales, ante la presencia de las personas  a quienes atacaban tan luego los tuvieran al alcance de su vista.

Uno de estos toros de gran alzada y poderoso cuerpo  ganó fama de su bravura, debido a que  en una oportunidad estuvo a punto de victimar  de una feroz cornada  a don Agustín  Ferreñan,  quien tenía justamente la tarea de cuidar dicho ganado.

Don Agustín dirigía un equipo de veinte personas  que alimentaban con sal de piedra, pienso procesado, yerba fresca, hojas  y tallos de las plantas de maíz que conservaba  frescas, aún después de mucho tiempo de la cosecha.

Todo su equipo de trabajo estaba familiarizado con la gran manada de vacunos  y la confianza que habían adquirido les permitían caminar  por entre ellos con toda tranquilidad, pero los animales son animales y cuando alguna hembra entra en celo, los machos se vuelven territoriales  y agresivos.

Por ello  un día inesperado en que este gran toro que era el macho Alfa de  la recua, viendo como don Agustín  se acercaba a su hembra en celo, el animal se embraveció y lleno de cólera y lo embistió con terrible furia, dándole una cornada en la pierna, levantándolo por los aires a más de ocho metros de altura pero con tan buena suerte  que cayó sobre un gran colchón la yerba almacenada  que servía de comida al ganado.

La feroz cornada  lo hizo volar sobre una puerta que servía como cerco para evitar que los vacunos se salieran de sus  espacios en que vivían, por  lo cual, el toro no pudo rematarlo,  pues   quedo fuera de su alcance.

La cornada le desgarró el muslo  causándole una herida  profunda  que lo mantuvo en cama por varios meses, dejándole una enorme cicatriz  para toda su vida. Desde entonces el toro fue bautizado como el Toro Ferreñan.

Con ese nombre el Toro Ferreñan se hizo famoso y temido pues a partir de ese fatídico accidente, nadie se atrevió a acercarse más de lo debido, y el toro se volvió más agresivo y presto a atacar a quien se acercara a menos de veinte metros, y muchas veces, envistió   los camiones y tractores que se cruzaron en su camino.

Algunos jóvenes  queriendo probar la bravura  de Ferreñan  se acercaban portando toallas  de tela roja y  Ferreñan  inmediatamente  corría  en pos de atacar a los intrusos, que aterrados se refugiaban detrás de los cercos  o trepándose  en los árboles  que estuvieran a su alcance.

Otros jóvenes más curiosos  iban al preñadero  a observar como Ferreñan fecundaba  a las vacas  subiendo su tremendo cuerpazo  sobre ellas y las penetraba con gran efectividad cerrando los ojos de placer.

Pero los niños más inocentes iban para mirar  y  tratar de acariciar a los terneritos, pequeños ferreñancitos, con sus grandes orejas mamando las hinchadas ubres repletas de leche de sus madres,  o retozando alegres por el campo, libres de toda preocupación, dándose  pequeñas cornadas entre ellos.

Cuando se dio  la primera reforma agraria de Fernando Belaunde Terry, los hacendados se fueron retirando poco a poco llevándose  sus grandes manadas de vacunos a otros sitios, muchos dicen que la mayoría se fueron hacia el Ecuador,  donde protegieron sus inversiones de la voracidad de los gobiernos siguientes.

El toro Ferreñan , con sus vacas y terneritos  un día desaparecieron  del Pueblo de Malacasí , pero su imagen y su fama continuó por muchos años en la mente y en recuerdo del pueblo  y en la ilusión de los niños,  que luego fueron hombres y como el toro Ferreñan también emigraron hacia otros lugares desconocidos, añorando   todo su pasado, con sus sueños y esperanzas, porque ante tantos infortunios y  males  que  golpean el mundo,  y peor cuando se camina en esta gran aventura que se llama vivir , es justamente la esperanza lo único que queda en la caja de Pandora.


octubre 2021