CRÓTALOS, MACANCHES Y COLAMBOS EN MALACASI.


    CRÓTALOS, MACANCHES Y COLAMBOS EN MALACASÍ

Mirad, yo os envío como ovejas

en medio de lobos

por tanto, sed

astuto como las serpientes

y mansos como las palomas

Mateo 10:16

En noviembre de 1956, todo el caserío de la Alberca amaneció en un inusual movimiento, con la mayoría de sus habitantes desplazándose por la calle, cargando piezas de carne de ganado vacuno, que según comentaban, era de un toro que había muerto a causa de la picadura de un macanche. Cuando se les advertía que la carne podía estar envenenada, ellos contestaban que la candela mataba todo y finalmente, “veneno que no mata, engorda”. Pasado un tiempo se supo que el toro había sido amarrado de una pata, con una larga cuerda a un tronco de algarrobo, como era la costumbre, para que el animal pastara a su alrededor, se había enredado y muerto por ahorcamiento y la noticia de la mordedura del macanche era solo un invento para aprovechar la carne gratuitamente, pues el dueño del vacuno era el hacendado, quien aceptó sin más, la explicación dada.

En toda la historia de Malacasí solo se supo de dos casos de mordedura de culebra, uno fue el don Delfín Carrasco que murió en su casa a causa de la mordedura de Cascabel; y el segundo caso de don José Tocto que fue mordido por una serpiente en su chacra, pero él valientemente se infligió un corte en el lugar mordido, y se hizo un torniquete que le permitió llegar a Piura y salvar la vida.

La primera mitad del siglo pasado, Malacasí fue de rápido crecimiento y las serpientes fueron alejándose a lugares más montaraces, y cerriles como las rinconadas de la cordillera, lejanas de la zona habitada.

No obstante, aún se tiene claro conocimiento que en esta zona existen serpientes como:

la Serpiente Crótalo o cascabel. –  Que es altamente venenosa, pero no es agresiva y siempre pone en alerta y anticipa su presencia con el ruido cascabelero de su cola, anticipando y evitando la posibilidad de un ataque imprevisto que podría ser mortal.

La Serpiente Coral. -recubierta de piel con anillos de color rojo, negro y amarillo que es también muy venenosa, pero su vistoso color permite ser advertida rápidamente, y siendo muy lenta y de mordida pequeña, la hace menos peligrosa que el cascabel.

El Macanche o Zancarranca. -es la serpiente más conocida por su color gris oscuro con manchas blancas y puede llegar a medir hasta cerca de los tres metros. Esta serpiente es una variedad de boa constrictor, muy pacífica y nunca se ha oído en la historia de Malacasí que alguien hubiera fallecido por mordedura de macanche.

El Colambo. - Es una serpiente no venenosa de color gris oscuro brillante, que habita preferiblemente en los huertos y chacras de Malacasí, en donde es considerada amiga de los agricultores porque elimina roedores y hasta se sabe que ahuyenta a otras clases de culebras a base de potentes latigazos.

 En general las serpientes son animales benéficos porque limpian el entorno de toda clase de roedores y otras alimañas dañinas para la agricultura. Por la década de 1960 las chacras de Malacasí estuvieron bajo el asedio implacable de las ratas que destruían los frutos de cacao, plátanos, paltas, mangos y otros árboles frutales, que sólo se terminó por la presencia de serpientes, lechuzas y búhos que diezmaron a estos roedores y permitió que los agricultores pudieran cosechar sus productos y aliviar su precaria economía.

Por eso, no debemos considerar a las serpientes como enemigas, y antes bien, no hay que matarlas cuando nos encontremos con ellas y permitirles el espacio que les pertenece, ya que es el hombre el que irrumpe en su hábitat, desplazándolas hacia otros espacios.

Antiguas leyendas y mitos amazónicos presentan a la serpiente, llamada, boa, pitón, como la Yacumama. O sea, la madre del agua, quien le tienen un gran respeto.

Otra creencia selváticas mexicana y peruana, es la que afirma que un tipo de serpiente, adormece a las mujeres y beben la leche de sus senos mientras introducen la punta de su cola en la boca del bebé, para que no despierte. La serpiente shushupe que es la más agresiva y venenosa de la selva amazónica, vive en maravillosa convivencia, en la madriguera del majaz, un tipo de roedor pequeño de carne muy sabrosa; dicha convivencia se traduce en que ambos se prestan servicios uno al otro. El majaz le da calor a la shushupe que es de sangre fría; y ella le garantiza protección defendiendo la madriguera de cualquier intruso.

 La serpiente tiene una historia, tan antigua como la existencia misma del hombre en la tierra. Antiguas culturas como la cultura China e india; del medio oriente Mesopotamia, Asiria, Persia y las meso americanas: Aztecas y Mayas nos han dejado en sus vestigios arqueológicos, variedad de monumentos representando a la serpiente como una de sus principales deidades, una de la más representativa es la Serpiente emplumada Quetzalcóatl asociada a la lluvia y la fertilidad.

 En nuestra historia bíblica, la serpiente aparece nada menos que en Paraíso Terrenal tendiendo una trampa astuta y mentirosa a nuestros primeros padres Adán y Eva haciéndoles caer en desgracia.

En la mitología andina, que se desarrollaba en tres planos: El hanan Pacha o el mundo de arriba celestial; El Kay Pacha o el mundo de aquí hombres animales y plantas; y el Uku Pacha o el mundo de abajo donde van los difuntos bajo tierra, y también habitación de la serpiente, deidad de las grietas profundas.

Por ese carácter intimidatorio que ha tenido en la historia, y también por ser un reptil, algunas especies venenosas, son motivo de miedo y 

un gran respeto, por lo que es absolutamente necesario tener muchas precauciones y cuidados al acercarse a ellas, pero sin llegar a agredirlas o destruirlas.

Por eso en el evangelio de San Mateo, cap.10 (16) el santo evangelista recomienda a los Malacasinos, ser astuto como la serpiente y mansos como las palomas, con lo cual advierte que ella es dueña tanto del bien como del mal.

 

 agosto 2021.


DON NICOLÁS RIOS APONTE: amor de padre y madre.

DON. NICOLÁS RIOS APONTE: AMOR DE PADRE Y MADRE.

Me moriré en Paris con aguacero 

Un día de cual tengo ya el recuerdo

César Vallejo.

El año 1910 fue un año muy triste para el joven Nicolás Ríos Aponte en la ciudad de Ayabaca, pues acababa de cumplir 18 años y su padre que era viudo, dejaba de existir, dejando huérfanos de padre y madre  a sus cinco hijos, todos menores de edad. Como don Nicolás era el hijo mayor, su padre en su lecho de muerte le dijo, " A partir de este momento, tú serás padre y madre de tus hermanos" y diciendo ésto se quedó dormido para siempre.

Pero el Perú, desde 1910 en adelante, vivió  años de inestabilidad política y económica  por la la cantidad de presidentes: Billinghurst, Benavides y José Pardo y Leguía, por la  falta total de trabajo y  carencia de alimentos etc, de manera que el joven Nicolás junto con sus  cuatro de sus hermanos, se vió precisado a emigrar y establecerse en el pueblo de Morropón, donde encontró los medios para sostener a su numerosa familia. Don Nicolás Ríos Aponte era un joven buen mozo y de ojos completamente azules que por las noches brillaban como los de un gato persa o himalayo, que podían detectarse a  más de cien metros.

Tan luego logro una estabilidad económica, Don Nicolás entrego su corazón  a una hogareña jovencita ayabaquina llamada Rosa Lara, a quien  conocía desde su niñez, y no dudaron en unirse prontamente para aumentar su familia junto con sus hermanos huérfanos,

En 1914, tuvo conocimientos que cerca del pueblo de Salitral se estaban formando nuevos latifundios, dando lugar a la aparición de asentamientos humanos con las familias que llegaban en busca de trabajo y tierras para iniciar allí una nueva vida.  Alertado por estas noticias, don Nicolás  se unió a la fiebre de tierras y llegó  al  asentamiento poblado en formación llamado Malacasí, donde quedó extasiado con la abundancia de trabajo y el sistema de yanaconaje que consistía en conseguir que el dueño de las tierras les donara una porción de terreno, a cambio de limpiar el terreno de montaña virgen y dejarla apta para la siembra de arroz y algodón.

No le costó mucho trabajo convencer a su familia, para participar en el poblamiento de este nuevo núcleo urbano, de manera que dos de sus hermanos menores decidieron quedarse en Morropón y los otros dos vinieron a Malacasí, ellos fueron, don Manuel Ríos y doña Ines Rios.  Doña Inés fue una dama muy hermosa de ojos verde esmeralda, completamente blanca y junto con sus dos hermanos se establecieron definitivamente, en Malacasí, y fueron  cabezas de  numerosas familias muy reconocidas, como  parte del espíritu pionero malacasino.

Don Nicolás Ríos tuvo un solo hijo con la señora Rosa Lara, pero habiendo fallecido el niño muy pequeño, ella adopto a los hermanos de don Nicolás como sus propios hijos. doña Rosa Lara apoyó en la casa  y don Nicolás se constituyó en patriarca de la familia, que representó con dignidad y respeto, ganándose el cariño hasta de sus sobrinos hasta la tercera generación  y todos lo reconocieron y llamaron  con mucho cariño como Papá Nico.

Doña Inés Ríos formó su familia con don Dolores Tineo, también de raza blanca , con quien tuvo muchos hijos, todos blancos y buenos mozos que aumentaron  el árbol genealógico de Don Nicolás exponencialmente y se dispersaron  por todo el territorio nacional y el extranjero. Don Manuel Ríos también formó una familia tuvo varios hijos y fue una persona muy querida. El tenía el don de ver las almas de personas que habían fallecido y en una oportunidad estuvo a punto de desenterrar un tesoro que le había entregado el anima de un bandolero, pero no llegó a culminar, por la aparición repentina  de su esposa que le había seguido, creyendo que los estaba engañando con otra mujer, y cuando ésta le habló, en ese momento desapareció el hechizo y el tesoro se cerró para siempre.

Don Nicolás Ríos Aponte  vivió una larga ancianidad en Malacasí, y solía sentarse en la vereda de su casa, sosteniendo un látigo, para imponer respeto, a él no le gustaban bromas de mal gusto, pues era muy serio y de profundas raíces católicas. El saludaba diciendo Buenos dias de Dios señor, pero  si alguien le saludaba diciendo solamente buenos días, él no contestaba y volteaba la cara, pero si era un joven o niño, le propinaba  un latigazo diciendo así se dice Buenos dias de Dios señor, y como todos lo respetaban, la corrección era aceptada. Conforme iba aumentando su vejez fue perdiendo el sentido del valor de el dinero y cualquier venta que hiciera de los productos de su chacra, decía que costaban mil quinientos soles. Los compradores le aceptaban el precio, guardando respeto y cancelando a su hermana don Inés Ríos el monto que correspondía.

Don Nicolás Ríos Aponte, murió en Piura  a los 90 años, después  de  una larga enfermedad asmática que culminó,con un paro cardiaco que le sobrevino  mientras era sostenido por los brazos de sus queridos sobrinos Carlos Tineo Ríos y Nicolás Tineo Ríos. Días antes en un estado comatoso, recordaba el encargo de su padre repìtiendo en voz alta las palabras de quien le dijo ahora serás padre y madre de tus hermanos.

Don Nicolás Ríos Aponte fue un valiente de los fundadores de Malacasí y así quedará registrado en esta lectura para perdurar mas allá de nuestra vida terrena.



Agosto 2021.







DON PACO MACEDA CAMPAÑA :Malacasino, cantor del Amor.

 DON PACO MACEDA CAPAÑA :MALACASINO CANTOR DEL AMOR.

 La rosa es sin porqué

Florece porque florece.

Angelus Silesius. (Poeta religioso germano 1624-1677)

 

La generación de1960 fue bendecida con hermosas canciones interpretadas por el trío  Los kipus tales como: Amorcito, Rosa Té, Mal paso, Huye de mí, Nada soy, Cariño malo, cariñito, y otros tantos que hincharon todos los espacios del corazón con las feromonas del amor, traducidas en juramentos y   promesas entre los jóvenes de Malacasí, que se manifestaban en mensajes anónimos propalados  por las emisoras, que no paraban ni un minuto del día, y  todo el pueblo era un volcán emocional a punto de una gran erupción de sentimientos  que explotaban a borbotones.

Y es que los años 60 fueron inigualables en todos los campos: la ciencia con el avance tecnológico en la conquista del espacio, Rusia con Yuri Gagarin; y los norteamericanos con la llegada del hombre a la luna; la literatura peruana brilló con la poesía de Javier Heraud, César Calvo y Antonio Cisneros; a nivel político mundial, impactó el asesinato del presidente John. F. Kennedy y a nivel nacional, la irrupción del gobierno militar del general piurano Juan Velasco Alvarado etc., pero el tema que nos convoca es el musical, donde brillaron numerosos grupos: los Kipus, los Zañartu, Fiesta criolla, Los Chamas, los Dávalos; así como cantantes individuales Irma y Oswaldo, Jesús Vásquez, Lucha Reyes, Cecilia Bracamonte, Alicia Maguiña etc.

amorcito te quiero tanto

que de no verte siento

la muerte en el corazón.

El trío los Kipus, era lo suficiente famoso como para dar conciertos en todo el Perú y en muchas ciudades de los Estados Unidos, Sudamérica y Europa; y don Paco Maceda un exquisito músico cantor, acreditado con cantidad de piezas musicales que abarrotaban el espectro artístico musical.

Él, había nacido para cantar al amor, e igual que el héroe Orfeo y su amada Eurídice, hechizaba con sus canciones y hacía que los enamorados se amaran, con un amor sin barreras, más allá de la vida y de la muerte.

Sobre su lugar de nacimiento hay varias versiones: unos creían que era ecuatoriano, otros que, de Tumbes, de Piura y hasta de Lima; pero él nunca lo declaró abiertamente porque sentía que pertenecía a todo el Perú.

Pero un día, en el caluroso Piura de 1964, disfrutaba don Paco Maceda un encuentro amical con dos de sus paisanos piuranos, comentando la fulminante trayectoria de su trio musical Los kipus, que había envuelto sin remedio a todo el Perú, y trascendido hasta el extranjero, pues no había cadena radial que no tuviera en su programa diario, la canción del famoso trio, conformado por: Carmen Montoro, Genaro Ganoza y Paco Maceda, que fue su fundador.

Justo, los amigos comentaban su tondero piurano, “Mi Morropón”, cuando uno de ellos preguntó a don Paco por la mención de:  Bigote, Malacasí y salitral en la letra de la canción, y éste en un rapto de emoción dijo : “Yo nací en Malacasí  y vamos allá  para que lo conozcan”,  e  inmediatamente contrató un auto para que los llevara a conocer su lugar de nacimiento.

 

Llegados a Malacasí, el auto recorrió lentamente por todo el pueblo, siguiendo la calle principal, pasando frente a la casa de don Vicente Palomino, de la Sra. Jesús Varona, de la Sra. Peto Paico, de don Sergio Chanamé, de la Sra. Jesús Tineo de Díaz, de don Modesto Montalbán, de Don Teodoro Guerrero Escárate; dieron la vuelta por la casa de don Longobardo Espinoza, dirigiéndose  luego por la casa de doña Etelvina Barranzuela, hacia la calle de La cabeza del toro, pasando frente a la casa del zorro Gómez y Don  Polo Feria; recorrieron el campo de futbol, que más tarde  se convirtió en la plaza principal;  luego enrumbaron  por la casa de los chirimba, la Iglesia Santa Teresita,  la casa de los Ceferino Murillo, de Don Polidoro Pachón y la de mi buen amigo don Teodoro Cruz, para volver a la calle principal, frente a la casa de la familia Tocto,  pero como no conocían a nadie, se dieron por satisfechos y retornaron a Piura, alegres de reconocer el pueblo donde había nacido   tan  formidable  músico, el año 1933.

Y, es que retrocediendo al año 1933, Malacasí era solamente unas cuarenta o cincuenta casas al borde de la carretera de paso a Huancabamba y los padres de don Paco que eran comerciantes de productos textiles en toda la zona, se encontraban hospedados en casa de una familia Jiménez, cuando sobrevino el momento del parto de la señora esposa y ahí nació un niño hermoso, arropado  por la esencia de la belleza, de los amaneceres resplandecientes, el canto melodioso de las aves canoras , el verde esperanza  de los  corpulentos árboles de algarrobo, faique, sauce  y  numerosas plantas de papelillo que florecían con múltiples colores,  casi detrás de las casas de la única calle de Malacasí.

Los padres declararon el nacimiento del niño Paco Lelis Maceda Campaña en el Registro Municipal de Salitral y volvieron a Tumbes, donde vivieron un tiempo antes de trasladarse a Piura y luego a Lima, donde don Paco a los 21 años empezó su exitosa carrera musical al lado de Luis Abanto Morales.

         Adiós Morropón mi hermano

 y Bigote preferido

           mi salitral tan querido. 

       mi Malacasi adorado

                           (Tondero: Mi Morropón: Los Kipus)

Don Paco fue un ser prístino y transparente, que nunca ocultó su lugar de nacimiento, antes bien, lo eternizó en el tondero que hemos citado, donde considera a Morropón como su hermano; a Bigote, como su pueblo preferido; a Salitral como un pueblo tan querido, dejando en la expresión mi Malacasi adorado el profundo sentimiento reservado únicamente para los Dioses, magnificándolo hasta la categoría de un pueblo deidad terrenal, por ello, muchos malacasinos dicen que Malacasí, es la sucursal del cielo.

No cabe duda pues, que don Paco, el malacasino cantor del amor puro, pertenece por hecho y por derecho a la historia de Malacasi. 1*

Porque los genios son así, como la rosa, pues la rosa, es sin porqué; florece porque florece.

 

 Agosto 2021.

 

 

 

DOÑA PAULITA MORE: EL BUEN SABOR DEL CAFÉ..

DOÑA PAULITA MORE, EL BUEN SABOR DEL CAFÉ

Cuando la tierra languidece

Renacen las sombras.

Y en la quietud los cafetales

Vuelven a sentir.

   Hugo Blanco (Venezuela)

Doña Paulita More, era suavecita y dulce como un suspiro limeño, hablaba quedamente con una insuperable delicadeza que rozaba la ternura, y tenía un ojo tapado por una nube blanquecina, pero, aun así, su cara lució dulce, limpia y transparente. vivía con su hija Nélida García More y su sobrino apodado pollo a quien ella le decía cariñosamente Pollito.


Llegó a Malacasi en la primera oleada 1903-1920 y era especialista en el arte de la cocina, contando con un abundante repertorio de platos para los diferentes gustos malacasinos, por ello su café restaurante, era el espacio más concurrido desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche.

Su centro de expendio estaba ubicado frente a la panadería de don Polidoro Yovera y 
desde muy temprano, la mayoría de labriegos, antes de partir a sus faenas, pasaban por el local de doña Paulita More, como todos le llamaban cariñosamente, a saborear su café preparado con caracolillo canchaqueño, que era verdaderamente sabroso, y se consumía acompañado de los panes en forma de cachitos, rosquitas o sobadas. 

Ella fue muy respetuosa y de poco hablar, pero cuando tomaba confianza con alguien, entonces se inspiraba y solía contar historias que escuchó de su tatarabuelo que murió a los 120 años de edad.

Narraba que sus antepasados vinieron procedentes de la isla de Madagascar, conocidos como malgaches y trabajaron en la hacienda La Tina en Piura, viviendo en el barrio de la Mangachería, llenos de sufrimientos, porque vinieron como esclavos considerados en los manifiestos de embarque de los buques, como piezas de ébano, es decir piezas de madera y no como seres humanos, pero esas historias no germinaron ningún rencor en su corazón, antes bien era dueña de sus sueños y alegrías que le deparaba el día a día.

Además, Doña Paulita era conocedora de muchas leyendas africanas que narraba con exquisita frescura y deleite, por ejemplo, ella hablaba, de la existencia de una reina africana que fue una de las 700 esposas del rey Salomón. Esta reina virgen fue muy hermosa de color del ébano, y de nombre Makeda, también llamada la Reina de Saba, que cautivó  con su belleza a Salomón el rey de Israel, quien al conocerla, sólo tuvo ojos para ella; y ella a su vez, cuando conoció la historia de la justicia de Salomón, que impartió  con las dos mujeres que disputaban la maternidad de un niño, y Salomón ordenó que dividieran al niño en dos mitades y que se repartieran mitad y mitad para cada una; viendo que la primera  mujer renunciaba a disputar  el niño,  para que lo entregaran con vida a la otra mujer, esta  segunda insistía en que se dividiera al niño en dos partes; Salomón pudo determinar,  que la verdadera madre era la primera que renunciaba al niño, con tal que no lo mataran.

La Reina de Saba quedó absolutamente prendada de la sabiduría del hijo del Rey David, y convencida que tanta sabiduría, solo era posible porque le venía de Dios.

Salomón y la Reina de Saba tuvieron un hijo llamado Menelik I, que fue rey de Etiopía y quien, según investigaciones, trasladó el Arca de la Alianza que contenía las tablas de la ley a este país africano, donde permanece en un lugar desconocido desde entonces.

También contaba la historia de esclavo Matalaché, que conquistó el amor y el favor de la hija de dueño de la hacienda La Tina hecho que le costó la vida siendo arrojado a una paila de jabón hirviente. Sabía también que en la cultura africana el nombre Mandinga se usaba para referirse a demonio y por ello cuando hablaban de la aparición de mandinga, lo hacían con gran temor.

Conocía la historia de la revolución de los esclavos de Haití, liderados por Mackandal, Bouckman y Ti Noel herederos de la cosmovisión africana que lucharon por la emancipación de Haití africana, y cuando ejecutaron a Ti Noel a morir quemado, los esclavos veían que éste escapaba del fuego, convertido en un animal, mientras que sus ejecutores veían que Ti Noel moría efectivamente quemado. Estos hechos fueron narrados en la obra El Reino de este Mundo del autor cubano Alejo Carpentier. Todo esto  sabía Doña Paulita, porque lo escuchaba en su entorno y lo guardaba en su corazón.

Doña Paulita More era una persona muy pobre quizás vivía a día por día, pero eso no la privó de ser generosa con otros más pobres, y a muchos que no tenían para comprar un plato de comida, ella les saciaba sirviéndoles una porción generosa gratuitamente, por eso todos la amaban y nadie nunca le faltó el respeto ni de palabra ni de obra. 

En Malacasí había un moreno alto y grueso llamado Guillermo Zapata Barranzuela, pero todos lo conocían como Pacha, a quien le gustaba pegarse soberanas borracheras, y entonces solía pararse, tambaleante y bien pasado de tragos, a la mitad de la calle, frente al café restaurante de doña Paulita More, e invocar a Dios pidiéndole que mande la lluvia, hasta que se cansaba de gritar y se quedaba dormido durante veinticuatro horas, eructando y dando ronquidos que se escuchaban a más de una cuadra.
 
Doña Paulita More le tenía un cariño especial a Pacha y mientras ella mantuvo su negocio, nunca faltó comida para él, ya que alguien que había leído La vida es Sueño de Pedro Calderón de Barca,  le había contado a doña Paulita More que existió  un sabio muy pobre, tan pobre que pensaba que era el más pobre y desdichado  de los pobres, pero un día dicho sabio, iba caminando, y mientras  comía un plátano,  dejaba regadas las cáscaras del plátano, y cuando miró hacia atrás,  a su espalda, vio que otro sabio caminaba recogiendo y comiendo las cáscaras que él tiraba; por eso doña Paulita, pensaba que siempre habría un pobre, más pobre entre los pobres y Pacha era más pobre que ella,  por eso compartía dándole de comer con todo el cariño del mundo, Pacha respondía cuidando de su casa aunque no tuviera casi nada que le pudieran robar.

En los duros primeros tiempos de Malacasí durante el diluvio de 1925, habiendo una escasez, tan terrible que no se conseguía nada para comer, solo se podían pescar algunos bagres que le entregaban a Doña Paulita y ella preparaba aguadito de pescado con yuca, plátano y zapallo logrando, saciar el hambre de todos. 

Doña Paulita fue el alma que paraba la olla común, haciendo milagros para que nadie se quedara con el estómago vacío, empezando por los niños y los ancianos. Ese mismo episodio se repitió en 1953 y Doña
 Paulita More volvió a repetir su solidaridad, aunque en menor apremio que en la primera vez.

Pasados los tiempos se dedicó a lo que sabía hacer a la perfección, es decir cocinar para los pobres que no podían solventar sus tres comidas, y ella cobraba los menús más baratos en Malacasi. Hoy el pueblo de Malacasí no vive, una situación parecida a lo sucedido en los tiempos de doña Paulita More, pero si volviera a suceder, cosa improbable, estoy seguro que el espíritu de ella vendría a hacerse presente para ayudar a su pueblo por tercera vez.

 

agosto 1985

DON SERGIO CHANAMÉ PECHE :El combatiente olvidado.

DON SERGIO CHANAMÉ PECHE:: EL COMBATIENTE OLVIDADO.

Si quieres la paz

 prepárate para la guerra

Publio Flavius Vegetius 

Me encontré con don Sergio Chanamé Peche los primeros años de 1990 en Lima, mientras él realizaba gestiones para que se le reconociera oficialmente como ex­-combatiente del conflicto peruano-ecuatoriano del año 1941. En ese entonces alcanzaba la edad de setenta años y tomando yo interés en ayudar en su gestión, lo acompañé al cuartel general del ejército, sede del   Ministerio de Defensa en el distrito de San Borja, donde se presentó como combatiente de 1941.

Los soldados que custodiaban en la puerta del enorme complejo, cuando escucharon que era ex­-combatiente de 1941, nos hicieron pasar a la oficina del despacho ministerial, donde hicimos saber al secretario, un Mayor del Ejército, el propósito de la visita.

El secretario consultó el padrón de combatientes, pero el nombre de don Sergio Chanamé Peche no existía en los registros. Y es que en el corto tiempo que duró el conflicto desde Julio de 1941 a febrero de 1942, la movilización de los combatientes fue muy rápida y no hubo el tiempo suficiente para registrar la movilización del personal de combate que tuvo lugar.

Lamentablemente, pasados 50 años del conflicto, ya se habían cerrado los padrones y don Sergio Chanamé, ya sea porque no recordaba los nombres de sus jefes; o porque algunos ya habían fallecido, no pudo acreditar su participación en el conflicto. No obstante, en ese corto tiempo que estuvimos juntos, tomándonos un café, Don Sergio Chanamé me habló sobre su participación en el conflicto de 1941 suscitado en el frente nororiental donde él estuvo.

Me narró que era un joven de 21 años cuando fue reclutado en la ciudad de Pacora donde vivía con sus padres, llevado al cuartel del ejército en Lambayeque y luego de ser entrenado muy rápidamente en el manejo de las armas, fue embarcado al frente nororiental ubicado a orillas de la confluencia del rio Yaupi y el rio Santiago.

Allí toda una compañía de más de ciento cincuenta soldados bien pertrechados, estuvieron acantonadas por más de cuarenta días, a unos doscientos o trescientos metros frente a la guarnición ecuatoriana, sosteniendo esporádicamente ligeras escaramuzas y mutuas hostilidades, hasta el 14 de agosto de 1941, que finalmente la unidad de soldados peruanos recibió la orden de asalto a la plaza ecuatoriana y tomarla definitivamente.

Me narró don Sergio Chanamé que, en medio de la jungla impenetrable, tuvieron que soportar, las nubes de zancudos y mosquitos que les atacaban sin tregua día y noche, pero gracias a los auxiliares de la tribu de Jíbaros que apoyaban a los soldados peruanos, aprendieron a usar las resinas de árboles, que, frotadas en la piel, evitaban las implacables picaduras.

Por las noches, la lluvia incesante se precipitaba en forma de diluvio con ruido estrepitoso de truenos y rayos que caían muy cerca destrozando enormes árboles. Luego, pasada la fuerte lluvia, sucedía la oscuridad plagada de sonidos estridentes de insectos que martillaban la mente sin dejar dormir ni un solo minuto, allí vivían agazapados, lidiando con la muerte repentina, sin poder encender pequeñas fogatas para no ser detectados por los enemigos que acechaban a tiro de fusil.

Por las mañanas se dedicaban a formar espacios claros bajo el dosel de los árboles de lupuna, para evitar ataques de felinos y reptiles, que se hacían notar muy cercanamente.

Por las tardes después del rancho, el sacerdote capellán de la tropa, los reunía para apoyarlos en el plano espiritual, haciéndoles formar en grupo, perdonándoles sus pecados, y amainando su temor a la muerte que trae consigo la guerra, les decía y aclaraba que dar muerte a otro ser humano en defensa propia y de la patria, como era el caso de la guerra, no era pecado.

En los días que estuvo en la selva, se conoció con muchos combatientes que también habían acudido al llamado de la Patria, dejando todo en sus pueblos, sus familias y sus vidas que apenas empezaban a existir. Allí en la inclemente selva, se consolaban mutuamente hablando de sus esperanzas y sueños, pero Don Sergio hizo  más amistad con un soldado que ayudaba a preparar el rancho, y sintió una gran pena cuando lo vio morir alcanzado por una bala disparada del lado ecuatoriano,  mientras se desplazaba en el campamento, ésto sucedió porque a pesar que le habían advertido que debía caminar agachado con la cabeza mirando hacia abajo, él soldado siempre lo hacía erecto con la cabeza erguida, por lo que la bala le destrozó el cuello, muriendo al instante. Así es la guerra, decía entristecido don Sergio, la muerte nos sorprende cuando menos la esperamos y en la guerra, el que pestañea, muere.

En  el momento del asalto a la plaza ecuatoriana, que empezó a las 5 de la mañana, vino a la mente de don Sergio, las palabras del soldado argentino Teniente Coronel Roque Sáenz Peña quien al mando del batallón Iquique, en la cima del Morro de Arica, espada en mano, luchando con gran valentía, arengaba a los soldados peruanos diciendo “Viva el Perú, carajo” y con ese pensamiento avanzaba Don Sergio, entre los silbidos de las balas que pasaban casi afeitándole la cara,  y por eso también se encomendaba a San Pablo de Pacora que era el santo de su pueblo y estaba seguro que lo devolvería sano y salvo a hogar paterno.

Consolidada la toma de la plaza ecuatoriana, Don Sergio fue trasladado a Pijuayal donde permaneció hasta el fin de la guerra que sucedió el 12 de febrero de 1942, con el retiro de las tropas peruanas de la provincia del Oro y la firma del tratado de Rio de Janeiro. Los soldados fueron dados de baja y volvieron a sus pueblos de origen, y don Sergio Chanamé Peche no se preocupó más en registrar su presencia en las filas de los combatientes de 1941, dando gracias a Dios que lo había librado de una muerte casi segura.

A comienzos de 1950, reunido con algunos amigos emigró al pueblo de Bigote  donde vivió un tiempo durante el cual gestionó el establecimiento de los juzgados de paz no letrados de Salitral y Malacasí.

Establecido finalmente en Malacasí, se unió con su esposa Doña Alejandrina Barranzuela con quien procreó cinco hijos, a quienes los crió con sólidos principios éticos y amor a la patria.

Don Sergio Chanamé Peche vivió hasta los 78 años y murió en Malacasí en abril del año 1998 rodeado por sus seres queridos, partiendo al más allá, a encontrarse con sus ancestros en la gloria del Padre creador de todas las cosas.

Reproduzco este testimonio, tal como me lo contó don Sergio Chanamé Peche, sin la presencia de ningún testigo, para que quede registrada en la Historia de Malacasí, y por lo tanto nunca se olvide que hubo un valiente soldado, que no dudó en tomar las armas, cuando fue llamado para defender la integridad de nuestra Patria.

Don sergio Chaname Peche queda reivindicado en esta lectura malacasina y no será mas un combatiente olvidado, sino un ejemplo para la generaciones venideras.

Julio 2000

DON VÍCTOR AGUIRRE: El gran maestro histórico de Malacasí.

DON. VÍCTOR AGUIRRE: EL GRAN MAESTRO HISTÓRICO DE MALACASÍ.

Maestro

En tu libro de lucha

He aprendido

Que no traicionar

Es un mandamiento.

 Horacio Zeballos G

Don Víctor Aguirre, junto con don Nicolás Ríos, don Juan Correa, don Modesto Montalbán, don Toribio Cabrera, don Juan Jiménez, entre otros, fueron los pioneros que participaron en el acto fundacional de Malacasí, y cuando lo hicieron, fue con intención de quedarse definitivamente.

Todos ellos cargados de ilusiones, esperanzas y la férrea voluntad de iniciar una nueva vida en este insólito lugar, lleno de peligros, pero con la convicción que habría nuevos amaneceres para todos. 

Pronto se organizaron y levantaron sus casas al lado de la carretera, lugar rodeado de tupido sotobosque con matorrales, plantas pequeñas y plantas de papelillos de diferentes colores, encima de los cuales sobresalían los árboles de Uña de gato, Charanes. algarrobos, faiques, higuerones, hualtacos, pasallos, sauces etc.,  y sobre todo, los ceibos milenarios, esos grandes árboles de prominente barriga y robusto tronco verdoso de gran altura coronados de alfombradas ramas llenas de vayas, que cuando se secaban, liberaban abundantes motas de fibra de algodón, creando hermosos doseles parecidos a unos grandes paracaídas que se confundían con las nubes por su níveo color; y si bien el sotobosque era tupido y plagado de alimañas y reptiles;  en cambio, lucía  repleto de flores silvestres de diferentes colores que junto a miles  de mariposas multicolores, alrededor de los  charcos dejados por la lluvia, rompían la monotonía de los días tristes.

Contaba don Víctor Aguirre que los primeros años construyeron sus casas con madera y ovillos de barro, muy cercanas unas de las otras para protegerse de los animales montaraces como: pumas, tigrillos, gatos monteses, sajinos, zorros, osos hormigueros y zarigüeyas, que por las noches se acercaban hasta el límite de sus corrales.

Las noches eran profundamente oscuras, pero el cielo resplandecía con millones de estrellas y luceros incendiando la bóveda celestial como si fuera un diluvio de luciérnagas. Las casas se alumbraban con improvisados candiles con mecha de tela y querosene, que no eran suficientes para ahuyentar la negrura de la noche, ni a las aves nocturnas, lechuzas, búhos, y otras rapaces que pululaban emitiendo sonidos aterradores que hacían temblar de miedo.Durante el día y desde el amanecer en cambio, eran despertados por el trino mañanero de las parejas de chilalos con sus chilalas, anunciando que el día había llegado, los gorjeos de: los tordos, chirocas y el silbido de las perdices y las pavas de monte, alegraban con  su presencia  detrás de las casas, y muchas veces como un premio de la naturaleza, se encontraban sus nidadas de hasta veinte huevos, de pava y perdiz que servían para la cenas nocturnas, preparándolos fritos acompañados con yuca y  yerba luisa, edulcorada con de miel de tierra.

Desde un principio, don Víctor Aguirre, y los demás pobladores fueron venciendo sus miedos y muchos nuevos hijos vinieron al mundo, por lo que pensó que debía dedicarse a alfabetizar a los niños, creando en su casa un aula grande en donde les enseñaba  el alfabeto, con cartillas que él mismo preparaba empleando pasta de achiote de color rojo, dibujando en la cascara de los árboles, todas las letras del abecedario. A los niños más pequeñitos le trataba cariñosamente como, mis pollitos.  

Don Víctor, no era un pedagogo, pero su cariño por los niños y su sentido de padre, le llevaba por los caminos de la pedagogía como si fuera un verdadero preceptor, él estaba convencido que los niños aprendían más rápido cuando se les enseñaba en grupo y repitiendo en voz alta, y mejor aun cuando lo hacían cantando y jugando. El solía encantar a los niños narrándoles las fabulas de Esopo: La zorra y las uvas, La liebre y la tortuga, La cigarra y la hormiga, El león y el ratón, La zorra y el cuervo, El pastor mentiroso y así, contándoles fábulas y cuentos, mantenía atrapados en la ilusión, al mismo tiempo que los formaba en valores como:  la amistad, la solidaridad, bondad, la verdad, la compasión, la misericordia etc.

Con mucha delicadeza les hacía repetir en grupo, como si estuvieran cantando los nombres de las letras y luego de las sílabas y después sus combinaciones bisílabas, trisílabas y luego palabras: Ma me, mi, mo, mu; Pa, pe, pi, po, pu; Bran, bren, brin, bron, brun;  mi mama me mima, se escuchaba desde lejos, cómo los niños repetían una y otra vez, y así, iban incurriendo en combinaciones más complejas, mamá, papá. cucú, cura- titi, hasta dominar la lectura y la escritura.

Don Víctor fue un hombre preocupado por su formación política y cultural autodidacta, que lo llevó a militar en el Partido Socialista del Perú fundado por don Luciano Castillo, por lo que se interesó en leer libros de autores de política, historia y pedagogía, como: La política de Platón, La Historia de Roma de Tito Livio, El Emilio, o de la Educación de Juan Jacobo Rousseau, Siete Ensayos de interpretación de la Realidad Peruana de José Carlos Mariátegui publicada en 1928.  Etc.

Don Víctor Aguirre tuvo como compañera de su ancianidad y hasta su muerte a la Sra.Iraida Peltroche con quien procreó a su única hija a quien la bautizó con el nombre de Basílica Aguirre Peltroche.

Doña Iraida  no enseñaba a leer; pero, si solía contar historias de la biblia a los niños, que les encantaba escuchar atentamente,  cómo fue la partida del Profeta Elías al cielo, quien acompañado por su discípulo Eliseo y muchos seguidores, llegado a orillas del río Jordán, El profeta, levantó su manto, golpeó las aguas, y el río se dividió en dos partes, dejando un sendero completamente seco por donde cruzó con su discípulo Eliseo sin mojarse los pies, tal como había sucedido con el profeta Moisés 500 años antes, al cruzar el Mar Rojo. Luego el profeta Elías, dobló su manto, lo dejó tirado para que lo recogiera su discípulo Eliseo y subió en un carro de fuego, que se elevó velozmente, hasta perderse en las profundidades del cielo infinito, los niños extasiados se quedaban mirando al cielo como queriendo ver en ese instante, que la escena se repitiese como lo fue 2,900 años antes.También Doña Iraida, enseñaba a rezar el Padre Nuestro a los niños, con mucha paciencia diciendo:

Padre nuestro, padre digno,
rey de los cielos y el viento.
con los clavos me persigno,
abrázame con la cruz,
para que el niño Jesús,
me guarde en su nacimiento.

Al escucharla don Víctor le decía, ¡¡¡Cómo rezas Iraida!!!  Y ella respondía ¡¡¡ Así me enseñaron mis abuelitos pues, mayor!!!

Así fue don Víctor Aguirre que tuvo la delicadeza de una madre y la fortaleza de un guerrero espartano, cuando se trató de defender los derechos civiles, junto con don Juan Correa, don Modesto Montalbán, don Pablo Flores y don Sinforoso Benites, compañeros en la lucha contra los abusos de los dueños de las haciendas, y gamonales que imponían injusto trabajo de yanaconaje, a cambio de una pequeña área de terreno para destinarla al cultivo de productos agrícolas de uso doméstico.

Don Víctor Aguirre murió en Malacasí a los ochenta años de edad, pobre, honorable, muy querido y respetado por todo el pueblo, que es la mejor recompensa que un hombre bueno y de la estatura moral como él, pudo recibir de la vida.

 

año 2912

LOS CHURRES FELICES DE MALACASÍ

LOS CHURRES FELICES DE MALACASÍ.

Agranda la puerta padre
porque no puedo pasar
la hiciste para los niños
yo he crecido a mi pesar
sino me agrandas la puerta
achícame por piedad
vuélveme a la edad aquella,
en que vivir era soñar.

Miguel de Unamuno

 

En Malacasí no existían piscinas para que los churres aprendieran  a nadar, sin embargo, nunca en la historia malacasina desde el siglo pasado, se tuvo conocimiento que algún churre hubiera muerto ahogado.

Y es que los churres malacasinos, desde churritos se bañaban  en las acequia de regadío o  en el cauce del rio Piura, que en la época no lluviosa, transcurre sereno, cristalino, manso y amigable, formando, en su trayecto pequeños meandros y lagunas poco profundas, donde los churres en buen grupo, aprendían a nadar chapuceando, tanteando la profundidad y arriesgándose, a la vez que iban adquiriendo las habilidades para la natación, luego se convertirían en excelentes nadadores de río, exhibiéndose en las grandes  crecidas, ayudados con cámaras de llanta de camión que les sirven como flotadores.

Los Churres de Malacasí, que así se conoce a los niños cuyas edades corresponden a la infancia y niñez desde los tres a doce años, a partir de cuya etapa, más de doce años, se convierten en púberes. En Cuba y en toda Centroamérica, también se usa la palabra churre, pero con otros significados como pringoso, grasoso aceitoso mugriento. Algunos lingüistas sostienen que Churre proviene de la palabra quechua churi que se traduce como hijo varón. recio, valiente, macho, pero en Malacasí en cambio; un churre es un niño tierno, habilidoso, ingenioso, perspicaz y sujeto de todo el amor y protección que le prodiguen su núcleo familiar.

Por ello, los churres de Malacasí son felices porque crecen en libertad junto con la naturaleza, en la vida rural, sintiendo el soplo helado del viento andino de las madrugadas, ya aprendiendo el silbido de las aves, el cri,cri,cri  de los grillos u observando el maravilloso crecer de  las plantas, alegrándose  con el aguacero  torrencial vivificador,  envueltos en el impetuoso torbellino de la ensoñación, disfrutando el colorido arco Iris copando el horizonte,  o disfrutando  del fulgor  del  planeta Venus, que es el lucero de la mañana, o inmersos en la esplendorosa luminosidad  de la luna llena, o absortos  en las noches de tinieblas  con millones de estrellas trepidantes  copando la totalidad de la bóveda celestial.

Como no recordar a los churres correteando felices bajo la lluvia, en desnudez adánica por las calles convertidas en pequeños ríos, persiguiendo a sus barquitos de papel y alimentando las alas de su imaginación haciéndolos navegar por mares remotos.

Recordarlos compartiendo lo poco  que disponían,  la mitad de un caramelo, la mitad de una cachanga, o de una naranja, un plátano, un mango, porque desde churritos aprenden que la vida es compartir,  es ayudar, es vivir libres de las conductas que cercenaban sus  potencialidades. Nacen con un alma limpia, libre de impurezas, pero que va llenando copiosamente de solidaridad y humanidad.

Por ello, los churres malacasinos se convierten en hombres y mujeres repletos de bondades de amor y compromiso con sus semejantes, sin envidias, libres de deseos malignos, compartiendo triunfos y desdichas y convencidos que la solidaridad, es un deber y no un mérito, sabiendo que en un hogar donde almuerzan dos, pueden almorzar tres.

Por eso los churres malacasinos, cuando son mayores, siguen siendo churres, ya que lo bueno aprendido, pasa a convertirse en parte de su genética y corre por sus venas junto con la sangre misma, que se derrama irremediablemente a borbotones por sus semejantes; por eso también, todo churre malacasinos lleva guardado en su mochila todos sus recuerdos, como fuente inagotable de lo vivido, que se quedó grabado en sus  almas para siempre.

Así, los churres malacasinos van por el mundo debelando en  sus comportamientos la esencia de sus corazones y reconociendo en cada una de sus palabras malacasinas: churre, gafo, piajeno, miéchica, gua, patelana, tarja, grandazaso, manaturaloso, ardiloso, rechucha, etc. que están unidos por el mismo cordón umbilical heredado de su pueblo.

Escribo esta lectura, para que quede impresa en la historia de Malacasí, dejando sentado,  que, por donde vayan en el mundo, encontrarán que, el mejor amigo de un churre es otro churre.

 

año 2012

LOS CERRILLOS DE MALACASÍ

LOS CERRILLOS DE MALACASÍ

 Cuando vuelvo anonado

Soñando en alas del viento

En Malacasí yo encuentro

Los cerrillos del pasado

 

Malacasi, está rodeado por una cadena de montañas tutelares, que miran al valle del rio Piura, a cuyo piedemonte corre la carretera que se empina agresiva cual ondulante sierpe, desplazándose en ondas horizontales y penetrando los macizos andinos, hacia las alturas de Canchaque y Huancabamba.

Esta cadena de montañas se angosta en el puente de Salitral   y en la quebrada Malacasina hace giro de 90 grados para formar una herradura, que abraza un inmenso valle yendo en dirección del jagüey, lo rodea pegada al cerro detrás de las huacas pre-incas de Malacasí y   desciende en una seguidilla de pequeñas elevaciones y promontorios hasta casi besar la carretera, completando así, un semicírculo envolvente protector del pueblo.

Estos promontorios, tal cual lágrimas de la cadena andina, son conocidos en Malacasí, con el nombre de Los Cerrillos, entre éstos se destaca un collado que se separa solitario de la cadena montañosa dejando libre el paso de  la carretera, convirtiendo  dicho  collado solitario en una imponente torre de  vigilancia,  desde  donde  se puede  contemplar el inmenso valle totalmente llano y verde.

En la cima de ese pequeño collado, el hacendado don Juan Cuglievan Trint, construyó una hermosa casona, como si fuera una pequeña fortaleza medieval, desde la cual podía disfrutar de una exquisita vista de su inmensa propiedad de ricicultura y algodonero, y que habitó por mucho tiempo junto con su esposa, doña Josefina Balarezo Hilbck;.A un Kilómetro de la casa, Don Juan Cuglievan construyó un pequeño aeródromo, de manera que podía, llegar a la ciudad de Piura en 30 minutos, pilotando su propia avioneta.

En un determinado año que hubo una sequía prolongada, Don Juan hizo construir un pozo tubular casi al borde del pueblo, lo dotó de un largo tramo de canal de cemento armado para que el pueblo tuviera agua para sus hogares, ese pozo resultó inagotable y los malacasinos le llaman “La Bomba” y no hay visitante que pase por Malacasí que no se dé el gusto de un refrescante baño con agua limpia y fresca

Pero un día nefasto de del 24 de junio de 1969, la hacienda fue expropiada mediante la Ley de Reforma Agraria Nº 17716 por el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, y don Juan Cuglievan, tuvo que abandonar tanto sus tierras como la bella casona, que era una delicia, admirada cual obra de arte en la entrada a Malacasí.

La ausencia de don Juan Cuglievan Trint, dejó una interminable tristeza, pues fue una buena persona que dio trabajo y felicidad a todo el pueblo de malacasí por muchos años, y tuvo gestos de generosidad con muchos que acudieron a él por su ayuda, y el pueblo de Malacasí ha reconocido bautizando la calle principal con su nombre.

Cuando liquidó las indemnizaciones de los trabajadores todos recibieron hasta el último centavo y por varios años después, muchos jubilados vivieron sus últimos días, gracias a los aportes que se había depositado en la ONP. Antes de retirarse para siempre, él mismo en persona, fue preguntando a los trabajadores si habían recibido bien sus liquidaciones, y cuando llamó a determinado trabajador que había recibido unos mil cien soles de indemnización, éste respondió “he recibido ciento mil, patrón”, don Juan con cariño le dijo, “ahora tienes más plata que yo”. En otra oportunidad, enterado que una viuda había perdido toda su cosecha de maíz debido a una plaga, éste le dijo “no te aflijas porque aquí tienes el valor de toda la cosecha que has perdido; y le entregó un sobre con un monto mayor del que la viuda esperaba; igualmente supo reconocer la valía de sus trabajadores, ensalzando y agradeciendo su labor, por ejemplo, se le escuchó decir que uno de sus mejores empleados,  por su honradez y  rectitud, era don Cirilo García, quien en su labor de asistente del cajero, se encargaba, cada semana,  con su bolsita en mano de ir por cada tiendecitas de Malacasí,  a cambiar billetes, por sencillo, para que así los trabajadores de la hacienda, recibieran su salario hasta en el último centavo.También reconoció los méritos de Don Víctor Zunini Meléndez cuyo talento administrativo contribuyó a dar felicidad y bienestar a los pobladores, como jamás había sucedido antes.

Así fue Don Juan Cuglievan Trint, que paso por mi pueblo de Malacasí, haciendo el bien, ratificando y poniendo en práctica las palabras de Santa Teresa de Calcuta que dijo “Quien no vive para servir; no sirve para vivir”.

Para los Malacasinos, los Cerrillos forman parte del alma de nuestros recuerdos porque era motivo de alegría para los que retornábamos después de meses de estudios fuera del pueblo y al acercarnos nos encontrábamos con este importante regalo de la naturaleza que tan luego lo traspasábamos, aparecía en toda su desnudez las primeras casas del pueblo con su entrada flanqueada por la comisaría, y la única calle que se había formado en forma desordenada.

En esa única calle se fundieron nuestras alegrías con los bailes pastoriles de la navidad; las fiestas de carnavales, con los cortes de yunzas; las procesiones de Semana Santa, promovidas  y  precedidas por don Juan Viera, hombre piadoso y ejemplar ser humano; las ferias dominicales donde los trabajadores gastaban hasta sus últimos centavos en horneados de pavo, compra de víveres y alguna ropa de vestir, y  sobre todo el jolgorio de las fiestas con las carreras de burros , los  duelos de glotones y otras justas deportivas que llenaban de alegría al pueblo Malacasino.

Pero también aprendimos lo que es sentir tristeza, y cuando teníamos que salir del pueblo, lo último que podíamos ver eran Los Cerrillos de Malacasí que se iban alejando de nuestra existencia, como si nos estuvieran arrebatando la vida y nuestro afecto de amor a la tierra se agolpaba en un cúmulo de sentimientos dolorosos, como el causado por una espada de doble filo que se inyecta en corazón hasta alcanzar el alma.

Volver a Malacasi es rencontrarse con Los Cerrillos y las plantas de huairuros que crecieron en sus faldas, cuyos frijoleados frutos nos alegraron la infancia maravillándonos con sus colores negro bermejo, que semejaban pequeñas y delicadas gemas, piedras preciosas que se exhiben en los finos collares variopintos, en los cuellos de hermosas damas.

Es reencontrarnos con los días diluviales con  feroces relámpagos y truenos, con olor a tierra mojada que se grababa como sellos indelebles en nuestras vidas; es reencontrarnos con el Algarrobo de Malacasí que sobrevivió por más  quinientos años, imponente y maravilloso, pero que no pudo resistir el filo malévolo de una hacha poderosa que le cegó la vida para siempre;  es reencontrarnos con las  interminables horas que pasamos, jugando futbol sin zapatos  con una pelota de caucho, o escuchando en las noches lluviosas  los partidos de futbol en la radio de don Rubén Ramírez que funcionaba a todo volumen, es reencontrarnos con la inocencia de nuestra niñez junto a nuestros padres y  madres que ya se fueron pero  también   con aquellos ancianos y respetuosos labriegos, que aun con todos los años a cuestas, madrugaban al canto de los chilalos a  cultivar sus  huertas

Cuando volvemos  a nuestro  pasado malacasino, real, o en nuestros  sueños, encontramos a Los Cerrillos, parados solemnes e inexpresivos, cual soldados espartanos, en la puerta de entrada, con los brazos abiertos, esperando, por siempre nuestro  retorno.


año 2021

 

 

EL ALGARROBO MALACASINO DE CINCO SIGLOS

EL ALGARROBO MALACASINO DE CINCO SIGLOS.

Te recuerdo algarrobo con el corazón
Porque vives hilando entre mis sueños
Filigranas de plata, del amor diseños
Que iluso observo, desde mi rincón.

Ya nunca más volveré a ver aquel algarrobo de Malacasí  con su  frondoso follaje tocando las nubes del cielo. Desafiando las ráfagas de viento, que soplaban furiosas y amenazantes  desde las altas colinas que rodean  Malacasí; tampoco lo  veré enhiesto e imponente bañado por la lluvia diluviana, que intentaba  desmembrarlo en mil pedazos; tampoco estará más contemplando desde  su vanidosa y grandiosa copa,  los prístinos resplandores cabalgando en  amaneceres relucientes,  y menos aun, deleitarse en las tardes,  oteando  los pálidos y áureos  atardeceres  que se hunden  lentamente  en la oscura soledad de la noche. 

Tampoco podré escuchar los cantos de los madrugadores chilalos anunciando desde sus redondos hornitos de barro   la llegada matinal, ni el trino melodioso de las chirocas, los tordos, las chiscas, los choquecos, las urracas, las luisas y los pájaros carpinteros, que felices reposaban y anidaban en sus ramas protectoras.

Desde ese lugar, fue testigo histórico del paso indubitable del tiempo y  de los  feroces guerreros  tallanes,  vicuses,  sicanes, cañarís, mochicas; y hasta pudo admirar la marcha de las huestes guerreras  de Huayna Cápac, venidos desde el Cuzco en conquista de los Huancas, Chachapoyas,   Huancabambas  y Ayabacas.

Fue también testigo solitario de las luchas de los hermanos fratricidas Huáscar y Atahualpa disputándose la borla real Mascapaicha, signo del poder absoluto del Imperio de los Incas, a costa de sangrientas batallas entre los ejércitos Atahualpistas dirigidos por: Rumiñahui, Quiquis, Challcuchimac; Ucumari, y Tomay Rima; contra los Huascaristas: Atoc, Topa Atao, Huanca Auqui, Tito Atauchi y Uampa Yupanqui. 

A su  amparo y protección , reposaron las huestes aventureras de Francisco Pizarro, con sus tropas de centauros masticadores de metal, con cascos de acero  y altos penachos, torsos revestidos con corazas metálicas, armados con tizonas, arcabuces, trabucos, lanzas y escudos de hierro, en su paso por los dominios del cacique Zarán, cerca del pueblo de Caxas, buscando su hora de gloria, que les esperaba en Cajamarca desde hacía  una eternidad. 

El formidable algarrobo de Malacasí, fue admirado por el sabio Antonio Raimondi, quien a su paso desde Huarmaca hacia Piura, quedó impresionado por la colosal corpulencia y altura, solo comparable con las secuoyas gigantes de California,  los baobabs africanos de Madagascar y los ceibos, ciclópeas moles de prominente barriga y color verduzco, que crecieron como mudos testigos milenarios, diseminados a las orillas del rio, en el alto Piura y en toda el área del bosque seco, como celosos guardianes de la soledad cordillerana.

Como me llena de nostalgia infinita el recuerdo de este secreto y fiel compañero de mi niñez, con su presencia imponente, apareciendo inexorable en mi memoria, con su recia   fortaleza cilíndrica, que tal cual poderoso y violento torbellino, se elevaba  desafiante   hasta herir las nubes, para luego desplegarte en múltiples brazos y sombrillas protectoras, como arropando  al mundo en toda su plenitud.

Bajo su sombra se cobijaron hacendosos labriegos para disfrutar los largos descansos después de sus agotadoras jornadas agrícolas; mientras que por las noches se convertía en disimulado cómplice de los jóvenes malacasinos, que se acurrucaban a jurarse la eternidad de sus primeros amores.

Nadie tocó el algarrobo de Malacasí hasta que, a mediados del mes de enero de 1961, el hacendado de Malacasí, Don Juan Cuglievan Trint, convocó a sus habitantes para hacer la donación del terreno donde crecería el pueblo, delimitando el área, ante la alegría desbordante de todos los pobladores.

Esa alegría no pudo tener otro desenlace que no fuera talar  todos los algarrobos  que  había crecido por cientos de años en los alrededores, y por desgracia, el  algarrobo de Malacasí,  que había sobrevivido por más de 500 años , no pudo evadir  el hacha de los entusiasta taladores arboricidas, que nos privaron de tan  histórico árbol,  cuya altura superaba los cincuenta metros y el grosor de su masa corpórea, los dos metros de diámetro y que la posteridad lo hubiera mantenido como orgulloso símbolo del pueblo.

El algarrobo que estaba ubicado casi frente a la casa de mi inolvidable madre, Jesús Tineo de Díaz, permaneció echado en toda su largura en posición total supina por muchísimos años, pues nadie se atrevió, por el grosor de su tronco, a dividirlo en pequeños trozos o rajas de leña, por lo que tuvo que ser convertido en carbón, para poder desaparecerlo.

Lo que no pudieron eliminar, fue la raíz principal que quedó sepultada para siempre protegida por la madre tierra, en una profundidad vertical de no menos de sesenta metros, donde jamás nadie la podrá tocar.

El Algarrobo de Malacasí, ya es parte de la historia y queda plasmado en este retrato en blanco y negro para que nunca sea olvidado, y para que sirva de lección, porque como afirmó el sabio Cicerón “Quien olvida su historia está condenado a repetirla.


año 2021