CÉSAR PALACIOS VARONA : UN VIDA AL SERVICIO MALACASINO


CÉSAR PALACIOS VARONA : UNA VIDA AL SERVICIO MALACASINO

Aquí la envida y mentira

me tuvieron desterrado,

dichoso el humilde estado

del sabio que se retira

de aqueste mundo malvado.

Y con pobre mesa y casa,

en el campo deleitoso

con solo Dios se compasa.

Y a solas la vida pasa.

ni envidiado ni envidioso.

Fray Luis de León.

El día del nacimiento de César Palacios Varona, hubo un inesperado y sorpresivo cantar de gallos, a pesar de que no era una hora en que los gallos cantaran; pero los quiquiriquíes se prolongaron por más de dos horas sin parar, rareza que causó preocupación y alarma a todo el pueblo. 

Una gitana clarividente que estaba de paso por Malacasí, encontrándose con la noticia del nacimiento y estando en el restaurante mientras almorzaba, pidió ver al bebé y leyendo las delgaditas líneas de las manitas  del recién nacido, le dijo a la mamá doña Jesús Varona Pacherres, que en el libro de la vida del niño, estaba escrito que sería una alta autoridad, pero que antes que eso sucediera, sufriría un terrible accidente que lo pondría al borde de perder la vida. 

La señora Jesús Varona y su compañero don Humberto Palacios solo atinaron a sonreír con incredulidad, pues del ser que había llegado a la vida, sólo se esperaba que pudiera sobrevivir en un pueblo, con tanta insalubridad, y  que no  contaba ni con una sola posta médica.

Pasaron los años y el niño se hizo grande, gozando de buena salud, producto de todos los cuidados prodigados su buena madre, que fue dueña del más grande restaurante de Malacasí, donde ella misma vigilaba de la buena atención a los comensales y la buena alimentación de su niño. 

La señora Jesús Varona fue una mujer muy hermosa, decente, hablar delicado y nunca se le escuchó hablar levantando la voz a nadie. Por donde fue, lució aseada y bien vestida como la mejor dama que se quiere bien. Don Humberto Palacios el papá de César, fue dueño de un camión Chevrolet V-8 nombrado San Juan Bosco puesto como homenaje a su hijo Eduardo Palacios Morey, quien había ingresado al seminario Diocesano para hacer sus estudios sacerdotales, y con ese vehículo hacía servicio de transporte de carga pesada desde Bigote hacia Piura, manejando él mismo su transporte. Don Humberto fue de contextura delgada, limitando con la flacura, alto y de carácter cordial, respetuoso, de chiste fino y buena persona.

La vida fue transcurriendo y César Palacios fue desarrollando sus conocimientos en la escuela primaria y luego en la secundaria con toda normalidad, llegando a la juventud lleno de alegría y esperanza, viéndose en la necesidad de emigrar a la ciudad de Lima para trabajar y hacer estudios superioresA los 22 años de edad ingreso a trabajar en una prestigiosa Editorial donde ocupó diferentes funciones administrativas, y un día 28 de Febrero de 1973 sintió la necesidad de ir a Malacasi a pasar vacaciones junto a sus padres, haciendo uso de transportes Tepsa. 

Todo el comienzo del viaje fue bien hasta pasar el portachuelo de Pasamayo cuando el cielo se llenó de una densa neblina que no permitía ver más allá de unos cuantos metros. El ómnibus se desplazaba sin embargo a gran velocidad y al acercarse a una curva pronunciada, se encontró de improviso detrás de un camión que transportaba tablones de madera, y al mismo tiempo era embestido por otro vehículo que venía en sentido contrario, causando el despistaje y la volcadura violenta del ómnibus.

El vehículo se precipitó aparatosamente a un pequeño abismo al costado de la carretera impactando contra un muro de roca pura, destrozándose casi toda la parte frontal, donde César ocupaba la primera fila de asientos. 

Murieron casi instantáneamente todos los pasajeros que iban ocupando los asientos delanteros y lesionando seriamente a otros que iban un poco más atrás. César Palacios, confirmando el vaticinio de la gitana, sufrió gravísimas lesiones en el cuerpo y su pierna derecha fue prácticamente triturada  por el impacto. Los heridos fueron conducidos al hospital de Huacho para recibir los primeros auxilios y César quedó inconsciente y en estado de coma, casi sin presión sanguínea, y con la pierna derecha hecha casi un trapo, llegando ser considerado como fallecido por las personas que auxiliaban sacando los cuerpos del vehículo. 

Esos instantes fueron  de tremendo shock y estando casi con un pie en la otra vida, César  vio desdoblar su alma flotando por encima de su cuerpo, y luego  sentada sobre la carrocería del ómnibus mirando desde arriba,  cómo los heridos eran auxiliados y en determinado momento su mirada se topó con su propio cuerpo tirado en la carretera, escuchando voces que tocándolo decían ¡Este joven aún está vida!, pero el solo podía ver y no hablar porque su alma no sabía como  hacerse escuchar. 

Seguidamente vio cómo su cuerpo era puesto sobre la tolva de una camioneta para ser conducido al hospital de la ciudad de Huacho. En esta situación Cesar fue invadido por una tremenda tranquilidad acompañado de  una felicidad jamás sentida y todo lo que veía no le causaba el menor temor porque era como si ya estuviera gozando de la paz del cielo.

En el Hospital de Huacho, los médicos lograron estabilizarlo en sus funciones vitales pero estando al borde de colapsar, tuvieron que amputarle la pierna para poder salvarle la vida, pues sangraba profusamente por las arterias y venas principales, seriamente dañadas. En determinado momento todo se apagó en su mente y César quedó en la inconsciencia total, de manera que cuando despertó a la vida, ya estaba en la clínica Maison de  Santé, pues había tenido que ser trasladado desde el hospital de Huacho hacia Lima debido a la gravedad de su estado. 

La transferencia de Huacho a Lima se hizo en una ambulancia expresa, recibiendo todas las atenciones, acompañado por su hermano Guillermo Palacios Morey, su tío Adriano Varona Cisneros y sus amigos Federico Díaz y esposa Catty Malpica, quienes no se apartaron de su presencia hasta quedar completamente instalado en la sala de cuidados intensivos UCI.

Después de veinte días que tardó en recuperar la consciencia, César contó que durante el estado de coma vivido, experimentó extraños momentos indescifrables, pues para él fue como un sueño, de manera que cuando despertó, pensó que había estado durmiendo apenas unas cuantas horas, sin acordarse de nada absolutamente, pues el último recuerdo que le acompañaba fue cuando subió al ómnibus en Lima. 

Se sorprendió cuando le hicieron conocer que había estado inconsciente durante veinte días, y recordó que en ese lapso tuvo intensos encuentros con muchas almas de gente malacasina, entre ellos reconoció a Don Isaac Tong que lo saludaba con la mano en alto, a Don Juan Cuglievan Carranza cabalgando a campo traviesa sobre un brioso caballo negro, a Don Servando Tello escribiendo en una máquina Remington de color beige, y a Don Nicanor Cruz que le mostraba tremenda herida causada por la bala disparada por su propio hijo.

Todos estos seres del más allá, le miraban amigables como aceptando que él estaba incorporándose al reino de los muertos que se vislumbraba como una gran ciudad iluminada por muchos arco iris, que se  entrecruzaban  cerca del horizonte, a lo lejos más allá de un ancho puente sobre un caudaloso río. 

Las almas de los difuntos que habían muerto en Malacasí, le aplaudían entusiastamente y otros le llamaban por su nombre, invitándole a que pase el puente grande y hermoso que cruzaba el río y que se continuaba en un ancho camino lleno de flores y aves multicolores que silbaban melodiosamenteEn un momento dado,  el alma de don Isaac Tong le ofreció su mano para ayudar a cruzar el puente, pero un ser luminoso vestido de blanco flanqueado de seres alados bellísimos le dijo, ¡no cruces porque aún no ha llegado tu hora!

Frente a él,  al otro lado del río pudo reconocer las ánimas: de Don  Toribio Chengo exhibiendo su oreja mocha, tañendo su guitarra e interpretando canciones tristes propias del otro mundo, vio a Don Felipe Bejarano pastando sus cabras, a don Delfín Carrasco exhibiendo una venda en a pierna donde había sido mordido por la culebra de cascabel; pudo verse también con las almas de: el zambo García, Pedro el Diablo, Juan Correa y doña Gumersinda Correa, Jesús Díaz, Pedro Ordinola, Jorge Ocaña, Maximina Escárate, Víctor Zunini, Teodoro Díaz, Juana Rosa Cruz, el Zorro Gómez, el mocho Córdova, Modesto Montalbán, José Chicoma, Enrique Wong, Nicolasa Chávez y hasta el alma del negro Ballón tocando su pick up en la casa de don Teodoro Cruz. 

Pero más aun siendo parte de un mundo donde no existe el tiempo, pudo reconocer el alma de su propia madre doña Jesús Varona y su amigo Federico Díaz, de su primo Churrasco, Augusto Manrique, su hermana Chela Angulo, su cuñado Ibio Wong y otras personas más, que no estando muertos, pudieron exhibir su alma en la otra vida, porque las almas son eternas, tiene un comienzo pero no tiene fin y por tanto puede habitar en espacios atemporales que son presente, pasado y futuro a la vez.

Por eso cuando uno entra en estos casos extremos de inconsciencia, puede verse con las almas de sus antepasados y sus descendientes al mismo tiempo, y así se puede llegar a conocer a sus tatarabuelos que nunca conoció en vida, pero también puede encontrarse con sus nietos, bisnietos y tataranietos aunque éstos no hubieran nacido todavía. Así son los misterios del más allá, como arcanos indescifrables para nuestros conocimientos, por eso la gitana pudo ver con muchos años de anticipación el accidente que iba a sufrir César Palacios en una oscura carretera cerca de Huacho, y por eso César tuvo la fuerza para recuperarse de ese accidente, y si no pudo recuperar su pierna original, en cambio pudo reemplazarla por una ortopédica que le permitió caminar por donde quisiera, pudo retornar a Malacasí, y militar en el partido político “Izquierda Unida” fundado por el Doctor Alfonso Barrantes Lingán, ganar las elección municipales y ser nombrado como la primera autoridad del Distrito de Salitral.

César Palacios, fue el primer malacasino que ganó la alcaldía municipal por sus propios méritos y ser juramentado como alcalde del distrito ante  la alegría desbordante de su pueblo malacasino. Durante su mandato, no contó con recursos económicos que le permitieran hacer las obras que él quería realizar, pero aun así con el pequeño presupuesto asignado por el gobierno central,  pudo dotar de agua potable a los caseríos de Hualcas, Mamayaco, Palo Blanco, y la Alberca. En Salitral habilitó un pequeño local abastecido de medicinas para atender las principales enfermedades y construyó un hospital de campaña para atender los casos del cólera que estaba matando muchos niños y adultos.

Para su querido Malacasí, logró dejar aprobado el estudio de factibilidad para la electrificación del pueblo que se materializó con el siguiente alcalde. No fueron grandes obras, pero  supo ayudar a la gente que padecía tremenda pobreza, animándoles desde su posición humana y  cristiana a que avanzarán en la construcción de su propio destino, pero manteniendo intacta la dignidad que tiene cada ser humano, aun cuando esté desamparado, nada de pedir caridad ni migajas, sí, ser asistido  para  mejorar sus estatus a base de trabajo honrado y perseverante.

César Palacios, no pudo reelegirse, debido a las  trampas y triquiñuelas de mala onda que sucedieron en las mesas de conteos, y confusiones  en los números de la cédulas de Sufragio. Sus enemigos políticos que le sucedieron en el cargo se dedicaron a criticar su trabajo en la alcaldía, porque el peor enemigo de un peruano es otro peruano, fue denunciado con la intensión de borrarlo del mapa político, todo urdido y plagado con burdas mentiras y calumnias. 

César luego de entregar la alcaldía se alejó del escenario a vivir su retirada vida sólo, porque el cargo y la dedicación exclusiva en la vida política le hicieron perder también su matrimonio y sus hijos, pero logrando en cierta forma ser profeta en su tierra, porque los malacasinos nunca podrán olvidar que la vida de César Palacios fue de servicio total y de hacer el bien sin mirar a quien.

César Palacios fue el primer alcalde malacasino en el distrito de Salitral que sucedió en el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1984, incorporándose a la historia de Malacasí para que  nunca sea olvidado


año 2012