DOÑA PAULITA MORE, EL BUEN SABOR DEL CAFÉ
Cuando la tierra languidece
Renacen las sombras.
Y en la quietud los cafetales
Vuelven a sentir.
Hugo Blanco (Venezuela)
Doña Paulita More, era suavecita y dulce como un suspiro limeño, hablaba quedamente con una insuperable delicadeza que rozaba la ternura, y tenía un ojo tapado por una nube blanquecina, pero, aun así, su cara lució dulce, limpia y transparente. vivía con su hija Nélida García More y su sobrino apodado pollo a quien ella le decía cariñosamente Pollito.
Llegó a Malacasi en la primera oleada 1903-1920 y era especialista en el
arte de la cocina, contando con un abundante repertorio de platos para los
diferentes gustos malacasinos, por ello su café restaurante, era el espacio más
concurrido desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche.
Su centro de expendio estaba ubicado frente a la panadería de don Polidoro Yovera y desde muy temprano, la mayoría de labriegos, antes de partir a sus faenas, pasaban por el local de doña Paulita More, como todos le llamaban cariñosamente, a saborear su café preparado con caracolillo canchaqueño, que era verdaderamente sabroso, y se consumía acompañado de los panes en forma de cachitos, rosquitas o sobadas.
Ella fue muy respetuosa y de poco hablar, pero cuando tomaba confianza con alguien, entonces se inspiraba y solía contar historias que escuchó de su tatarabuelo que murió a los 120 años de edad.
Su centro de expendio estaba ubicado frente a la panadería de don Polidoro Yovera y desde muy temprano, la mayoría de labriegos, antes de partir a sus faenas, pasaban por el local de doña Paulita More, como todos le llamaban cariñosamente, a saborear su café preparado con caracolillo canchaqueño, que era verdaderamente sabroso, y se consumía acompañado de los panes en forma de cachitos, rosquitas o sobadas.
Ella fue muy respetuosa y de poco hablar, pero cuando tomaba confianza con alguien, entonces se inspiraba y solía contar historias que escuchó de su tatarabuelo que murió a los 120 años de edad.
Narraba que sus antepasados vinieron
procedentes de la isla de Madagascar, conocidos como malgaches y trabajaron en
la hacienda La Tina en Piura, viviendo en el barrio de la Mangachería, llenos de
sufrimientos, porque vinieron como esclavos considerados en los manifiestos de
embarque de los buques, como piezas de ébano, es decir piezas de madera y no
como seres humanos, pero esas historias no germinaron ningún rencor en su
corazón, antes bien era dueña de sus sueños y alegrías que le deparaba el día a
día.
Además, Doña Paulita era conocedora de muchas leyendas africanas que
narraba con exquisita frescura y deleite, por ejemplo, ella hablaba, de la existencia de una reina africana que fue una de las 700
esposas del rey Salomón. Esta reina virgen fue muy hermosa de color del ébano, y
de nombre Makeda, también llamada la Reina
de Saba, que cautivó con su belleza a
Salomón el rey de Israel, quien al conocerla, sólo tuvo ojos para ella; y ella
a su vez, cuando conoció la historia de la justicia de Salomón, que impartió con las dos mujeres que disputaban la
maternidad de un niño, y Salomón ordenó que dividieran al niño en dos mitades y
que se repartieran mitad y mitad para cada una; viendo que la primera mujer renunciaba a disputar el niño,
para que lo entregaran con vida a la otra mujer, esta
segunda insistía en que se dividiera al niño en dos partes; Salomón pudo
determinar, que la verdadera madre era
la primera que renunciaba al niño, con tal que no lo mataran.
La Reina de Saba quedó absolutamente
prendada de la sabiduría del hijo del Rey David, y convencida que tanta
sabiduría, solo era posible porque le venía de Dios.
Salomón y la Reina de Saba tuvieron un hijo llamado Menelik I, que fue rey
de Etiopía y quien, según investigaciones, trasladó el Arca de la Alianza que
contenía las tablas de la ley a este país africano, donde permanece en un lugar desconocido desde entonces.
También contaba la historia de esclavo Matalaché, que conquistó el amor y
el favor de la hija de dueño de la hacienda La Tina hecho que le costó la vida siendo
arrojado a una paila de jabón hirviente. Sabía también que en la cultura africana
el nombre Mandinga se usaba para referirse a demonio y por ello cuando hablaban
de la aparición de mandinga, lo hacían con gran temor.
Conocía la historia de la revolución de los esclavos de Haití, liderados
por Mackandal, Bouckman y Ti Noel herederos de la cosmovisión africana que
lucharon por la emancipación de Haití africana, y cuando ejecutaron a Ti Noel a
morir quemado, los esclavos veían que éste escapaba del fuego, convertido en
un animal, mientras que sus ejecutores veían que Ti Noel moría efectivamente
quemado. Estos hechos fueron narrados en la obra El Reino de este Mundo del autor cubano Alejo Carpentier. Todo esto sabía Doña Paulita, porque lo escuchaba en su entorno y lo guardaba en su corazón.
Doña Paulita More era una persona muy pobre quizás vivía a día por día, pero eso no la privó de ser generosa con otros más pobres, y a muchos que no tenían para comprar un plato de comida, ella les saciaba sirviéndoles una porción generosa gratuitamente, por eso todos la amaban y nadie nunca le faltó el respeto ni de palabra ni de obra.
En Malacasí había un moreno alto y grueso llamado Guillermo Zapata Barranzuela, pero todos lo conocían como Pacha, a quien le gustaba pegarse soberanas borracheras, y entonces solía pararse, tambaleante y bien pasado de tragos, a la mitad de la calle, frente al café restaurante de doña Paulita More, e invocar a Dios pidiéndole que mande la lluvia, hasta que se cansaba de gritar y se quedaba dormido durante veinticuatro horas, eructando y dando ronquidos que se escuchaban a más de una cuadra.
Doña Paulita More le tenía un cariño especial a Pacha y mientras ella mantuvo su negocio, nunca faltó comida para él, ya que alguien que había leído La vida es Sueño de Pedro Calderón de Barca, le había contado a doña Paulita More que existió un sabio muy pobre, tan pobre que pensaba que era el más pobre y desdichado de los pobres, pero un día dicho sabio, iba caminando, y mientras comía un plátano, dejaba regadas las cáscaras del plátano, y cuando miró hacia atrás, a su espalda, vio que otro sabio caminaba recogiendo y comiendo las cáscaras que él tiraba; por eso doña Paulita, pensaba que siempre habría un pobre, más pobre entre los pobres y Pacha era más pobre que ella, por eso compartía dándole de comer con todo el cariño del mundo, Pacha respondía cuidando de su casa aunque no tuviera casi nada que le pudieran robar.
En los duros primeros tiempos de Malacasí durante el diluvio de 1925, habiendo una escasez, tan terrible que no se conseguía nada para comer, solo se podían pescar algunos bagres que le entregaban a Doña Paulita y ella preparaba aguadito de pescado con yuca, plátano y zapallo logrando, saciar el hambre de todos.
Doña Paulita fue el alma que paraba la olla común, haciendo milagros para que nadie se quedara con el estómago vacío, empezando por los niños y los ancianos. Ese mismo episodio se repitió en 1953 y Doña Paulita More volvió a repetir su solidaridad, aunque en menor apremio que en la primera vez.
Doña Paulita More le tenía un cariño especial a Pacha y mientras ella mantuvo su negocio, nunca faltó comida para él, ya que alguien que había leído La vida es Sueño de Pedro Calderón de Barca, le había contado a doña Paulita More que existió un sabio muy pobre, tan pobre que pensaba que era el más pobre y desdichado de los pobres, pero un día dicho sabio, iba caminando, y mientras comía un plátano, dejaba regadas las cáscaras del plátano, y cuando miró hacia atrás, a su espalda, vio que otro sabio caminaba recogiendo y comiendo las cáscaras que él tiraba; por eso doña Paulita, pensaba que siempre habría un pobre, más pobre entre los pobres y Pacha era más pobre que ella, por eso compartía dándole de comer con todo el cariño del mundo, Pacha respondía cuidando de su casa aunque no tuviera casi nada que le pudieran robar.
En los duros primeros tiempos de Malacasí durante el diluvio de 1925, habiendo una escasez, tan terrible que no se conseguía nada para comer, solo se podían pescar algunos bagres que le entregaban a Doña Paulita y ella preparaba aguadito de pescado con yuca, plátano y zapallo logrando, saciar el hambre de todos.
Doña Paulita fue el alma que paraba la olla común, haciendo milagros para que nadie se quedara con el estómago vacío, empezando por los niños y los ancianos. Ese mismo episodio se repitió en 1953 y Doña Paulita More volvió a repetir su solidaridad, aunque en menor apremio que en la primera vez.
Pasados los tiempos se dedicó a lo que sabía hacer a la perfección, es
decir cocinar para los pobres que no podían solventar sus tres comidas, y ella
cobraba los menús más baratos en Malacasi. Hoy el pueblo de Malacasí no vive, una situación parecida a lo sucedido en
los tiempos de doña Paulita More, pero si volviera a suceder, cosa improbable, estoy seguro que el espíritu de ella vendría a hacerse presente para
ayudar a su pueblo por tercera vez.
agosto 1985