DON. VÍCTOR AGUIRRE: EL GRAN MAESTRO HISTÓRICO DE MALACASÍ.
Maestro
En tu libro de lucha
He aprendido
Que no traicionar
Es un mandamiento.
Horacio Zeballos G
Don Víctor Aguirre, junto con don
Nicolás Ríos, don Juan Correa, don Modesto Montalbán, don Toribio Cabrera, don
Juan Jiménez, entre otros, fueron los pioneros que participaron en el acto
fundacional de Malacasí, y cuando lo hicieron, fue con intención de quedarse
definitivamente.
Todos ellos cargados de ilusiones, esperanzas
y la férrea voluntad de iniciar una nueva vida en este insólito lugar, lleno de
peligros, pero con la convicción que habría nuevos amaneceres para todos.
Pronto se organizaron y levantaron sus casas al lado de la carretera, lugar rodeado de tupido sotobosque con matorrales, plantas pequeñas y plantas de papelillos de diferentes colores, encima de los cuales sobresalían los árboles de Uña de gato, Charanes. algarrobos, faiques, higuerones, hualtacos, pasallos, sauces etc., y sobre todo, los ceibos milenarios, esos grandes árboles de prominente barriga y robusto tronco verdoso de gran altura coronados de alfombradas ramas llenas de vayas, que cuando se secaban, liberaban abundantes motas de fibra de algodón, creando hermosos doseles parecidos a unos grandes paracaídas que se confundían con las nubes por su níveo color; y si bien el sotobosque era tupido y plagado de alimañas y reptiles; en cambio, lucía repleto de flores silvestres de diferentes colores que junto a miles de mariposas multicolores, alrededor de los charcos dejados por la lluvia, rompían la monotonía de los días tristes.
Contaba don Víctor Aguirre que los primeros años construyeron sus casas con madera y ovillos de barro, muy cercanas unas de las otras para protegerse de los animales montaraces como: pumas, tigrillos, gatos monteses, sajinos, zorros, osos hormigueros y zarigüeyas, que por las noches se acercaban hasta el límite de sus corrales.
Las noches eran profundamente oscuras, pero el cielo resplandecía con millones de estrellas y luceros incendiando la bóveda celestial como si fuera un diluvio de luciérnagas. Las casas se alumbraban con improvisados candiles con mecha de tela y querosene, que no eran suficientes para ahuyentar la negrura de la noche, ni a las aves nocturnas, lechuzas, búhos, y otras rapaces que pululaban emitiendo sonidos aterradores que hacían temblar de miedo.Durante el día y desde el amanecer en cambio, eran despertados por el trino mañanero de las parejas de chilalos con sus chilalas, anunciando que el día había llegado, los gorjeos de: los tordos, chirocas y el silbido de las perdices y las pavas de monte, alegraban con su presencia detrás de las casas, y muchas veces como un premio de la naturaleza, se encontraban sus nidadas de hasta veinte huevos, de pava y perdiz que servían para la cenas nocturnas, preparándolos fritos acompañados con yuca y yerba luisa, edulcorada con de miel de tierra.
Desde un principio, don Víctor Aguirre, y los demás pobladores fueron venciendo sus miedos y muchos nuevos hijos vinieron al mundo, por lo que pensó que debía dedicarse a alfabetizar a los niños, creando en su casa un aula grande en donde les enseñaba el alfabeto, con cartillas que él mismo preparaba empleando pasta de achiote de color rojo, dibujando en la cascara de los árboles, todas las letras del abecedario. A los niños más pequeñitos le trataba cariñosamente como, mis pollitos.
Don Víctor, no era un pedagogo, pero su cariño por los niños y su sentido de padre, le llevaba por los caminos de la pedagogía como si fuera un verdadero preceptor, él estaba convencido que los niños aprendían más rápido cuando se les enseñaba en grupo y repitiendo en voz alta, y mejor aun cuando lo hacían cantando y jugando. El solía encantar a los niños narrándoles las fabulas de Esopo: La zorra y las uvas, La liebre y la tortuga, La cigarra y la hormiga, El león y el ratón, La zorra y el cuervo, El pastor mentiroso y así, contándoles fábulas y cuentos, mantenía atrapados en la ilusión, al mismo tiempo que los formaba en valores como: la amistad, la solidaridad, bondad, la verdad, la compasión, la misericordia etc.
Con mucha delicadeza les hacía repetir en grupo, como si estuvieran cantando los nombres de las letras y luego de las sílabas y después sus combinaciones bisílabas, trisílabas y luego palabras: Ma me, mi, mo, mu; Pa, pe, pi, po, pu; Bran, bren, brin, bron, brun; mi mama me mima, se escuchaba desde lejos, cómo los niños repetían una y otra vez, y así, iban incurriendo en combinaciones más complejas, mamá, papá. cucú, cura- titi, hasta dominar la lectura y la escritura.
Don Víctor fue un hombre preocupado por su formación política y cultural autodidacta,
que lo llevó a militar en el Partido Socialista del Perú fundado por don
Luciano Castillo, por lo que se interesó en leer libros de autores de política,
historia y pedagogía, como: La política de
Platón, La Historia de Roma de Tito Livio,
El Emilio, o de la Educación de Juan
Jacobo Rousseau, Siete Ensayos de
interpretación de la Realidad Peruana de José Carlos Mariátegui publicada
en 1928. Etc.
Don Víctor Aguirre tuvo como compañera de su ancianidad y hasta su muerte a la Sra.Iraida Peltroche con quien procreó a su única hija a quien la bautizó con el nombre de Basílica Aguirre Peltroche.
Doña Iraida no enseñaba a leer; pero, si solía contar historias de la biblia a los niños, que les encantaba escuchar atentamente, cómo fue la partida del Profeta Elías al cielo, quien acompañado por su discípulo Eliseo y muchos seguidores, llegado a orillas del río Jordán, El profeta, levantó su manto, golpeó las aguas, y el río se dividió en dos partes, dejando un sendero completamente seco por donde cruzó con su discípulo Eliseo sin mojarse los pies, tal como había sucedido con el profeta Moisés 500 años antes, al cruzar el Mar Rojo. Luego el profeta Elías, dobló su manto, lo dejó tirado para que lo recogiera su discípulo Eliseo y subió en un carro de fuego, que se elevó velozmente, hasta perderse en las profundidades del cielo infinito, los niños extasiados se quedaban mirando al cielo como queriendo ver en ese instante, que la escena se repitiese como lo fue 2,900 años antes.También Doña Iraida, enseñaba a rezar el Padre Nuestro a los niños, con mucha paciencia diciendo:
Al escucharla don Víctor le decía, ¡¡¡Cómo
rezas Iraida!!! Y ella respondía ¡¡¡
Así me enseñaron mis abuelitos pues, mayor!!!
Así fue don Víctor Aguirre que tuvo la delicadeza de una madre y la fortaleza de un guerrero espartano, cuando se trató de defender los derechos civiles, junto con don Juan Correa, don Modesto Montalbán, don Pablo Flores y don Sinforoso Benites, compañeros en la lucha contra los abusos de los dueños de las haciendas, y gamonales que imponían injusto trabajo de yanaconaje, a cambio de una pequeña área de terreno para destinarla al cultivo de productos agrícolas de uso doméstico.
Don Víctor Aguirre murió en Malacasí a los ochenta años de edad, pobre, honorable, muy querido y respetado por todo el pueblo, que es la mejor recompensa que un hombre bueno y de la estatura moral como él, pudo recibir de la vida.
año 2912